Hierro 

Venimos de asistir al primer módulo de Formación Biodinámica I que ha tenido lugar en Hoyo de Manzanares (Madrid) este fin de semana. A las sesiones ha asistido Manel pero yo he estado atenta a su relato al reencontrarnos. La formación es una metáfora espejo de las conferencias que Rudolf Steiner ofreció en Kowervitz a un grupo de agricultores con el objetivo de difundir su pensamiento y ofrecerlo para que quienes se agachan a oler la tierra en el día a día pudiesen ir sanándola con su buen hacer. La biodinámica era la síntesis de una lógica ancestral que se ha ido perdiendo, una nueva práctica agrícola que vuelve a vincularnos los con nuestro planeta y el cosmos. 

Me gusta la idea de situar al agricultor como el responsable de sanar la tierra, igual que​ al médico como referencia de la salud de las personas. La industrialización también tuvo sus consecuencias en los campos y en la manera de trabajarlos. Introdujo cambios positivos, facilitando las tareas, pero la Industria Agrícola nació también con objetivos centrados en aumentar la producción a costa de lo que hiciese falta. Ahí empieza a degenerar el alimento perdiendo lo energético que trae consigo​ a expensas de producir “mucho en poco”. La introducción de agroquímicos altera la sistemas y los hace año tras año más dependientes de dichos productos. La cultura campesina aumenta su dependencia de la agroquímica, olvida su saber propio de los años y la tierra va empobreciéndose: aparecen plagas, enfermedades, mueren insectos y otros animales de vital importancia para los ecosistemas,…

La biodinámica propone sanar la tierra con sus propios aliados. Steiner proponía hacer una observación al más puro estilo goetheano para reconocer el estado de la finca: percepción a través de los sentidos, reproducción de la percepción o de la “fantasía sensorial” y paso al conocimiento.

Y de ahí viene el hierro, el año pasado hicimos un pozo y el azar nos dió una veta de agua ferrosa. Ahora, un año más tarde, parece ser que sale más clara, pero esto nos marca un punto de partida, unas condiciones de base con las que hemos de convivir y sobre las que hemos de planear.

El placer del agua

Una de las sensaciones más puras es tocar el agua cristalina del río, poner los pies a remojo y jugar a ver quién aguanta más con los pies sumergidos. Me pone a cero. Me recoloca. Hoy lo hemos hecho en las pozas del Río O’Pituelo, excelente lugar al que acudo cada año como homenaje a mis orígenes. Hoy estuve con las niñas, para que ellas también conquisten ese lugar como suyo y sepan que siempre pueden volver, que las rocas de las pozas las esperan siempre impasibles al tiempo.

Mientras las observo jugueteando se me ocurre que todo el mundo debería tener derecho a saberse custodiante en secreto de un lugar especial. A mi éste me encanta. Me remueve y me renueva. Me relaja. Me chifla meter los pies en el agua helada de la primavera y levantar la vista hacia los verdes montes, sus pintorescas rocas, y al cielo más azul que he visto antes.

Luego el paraje excepcional, los montes de Agüero que han andado y andado mis antepasados, sacando dos reales de la venta de unos sacos de almendras o unos kilos de olivas. Si bien el río da vida, el monte se lo come todo, se filtra dentro de la viña que mi abuelo compró con sus primeros ahorros. Ya nadie la trabaja pero a pesar de ello subsisten algunos árboles que se han vuelto salvajes. Fukuoka se ocupa de los bosques comestibles mientras que el tiempo se empeñan en integrar al bosque lo que un día plantó la mano humana. Mi madre se entristece y yo pienso que no se sabe qué le depara el futuro a ese pedazo de tierra en el que hemos ido dejando huella.

El paseo de tarde me maravilla ofreciéndonos una nueva visión del pueblo y sus peculiares montañas. Me parece de cuento. Tomamos el sendero de la ruta circular de los mallos y tras rodearlos volvemos a entrar en las empinadas calles de Agüero.

 

 

Snowed nesting

El viernes hizo un año que Erik salió al mundo, y el mundo le regaló en su día una preciosa nevada nocturna que nos dejó sitiados todo el fin de semana. Nos suele pasar una vez al año y el amanecer es siempre un espectáculo. El paisaje parece otro y la luz se multiplica de una manera que dentro de casa se respira una atmósfera brillante. De música de fondo teníamos a George Winston. Abrimos la puerta y es fascinante ver como una capa de nieve virgen cubre todo. Es como si sanara la tierra. Las criaturas se exaltan: “luego saldremos”. 

El paseo matutino es el de cada día pero hoy se convierte en una verdadera excursión. A Elsa se le unden las botas en la nieve, hasta la rodilla. Nosotros empezamos a ver ramas que cedieron al peso de la nieve, frutales que ya estaban en flor cubiertos de nieve… Y el huerto que se adivina… Nos preocupa cuánto tardará la nieve a deshacerse.

Elsa no para de comer nieve. Erik va con los ojos bien abiertos dentro de la Ergobaby. Destapamos algunos bulbos que ya apuntaban, no quiero que se les congele el ojo después de semanas a la espectativa.

La tarde se presenta plácida y decidimos dedicarnos a las construcciones así que sacamos la caja de cartón de Woden Story con piezas de madera que nos regalaron nuestros amigos A y M hace un par de semanas, que vinieron a compartir con nosotros unas doradas a la brasa y un buen vino.  Qué lindo regalo, ideal para una tarde de nesting en família. 



Despierta primavera

Ayer, día 20, fue el equinoccio de primavera: “El sol permanece más tiempo sobre el horizonte de manera que los días se van alargando. Cuando el Sol ha alcanzado la mitad de la altura máxima en el firmamento es el comienzo de la primavera: el día y la noche llegan a ser iguales, cuando cada uno dura doce horas” dice María Thun en su libro Constelaciones y Agricultura Biológico-Dinámica. En casa nos alegra sentir que la tarde se alarga y que la temperatura es más agradable. Hoy nos hemos despertado con La Primavera de Vivaldi. Cada día elegimos una banda sonora y esa melodía nos va retumbando dentro a lo largo de la jornada, viniendo a ser el centro de gravedad.
Nada más abrir la puerta Eric se lanza gateando a fuera. Es imparable. Ahora le va descubrir qué hay más allá. Y más allá tenemos un trozo de tierra, la hierba, y el arenero que montamos el año pasado para Elsa. Las criaturas necesitan relación con la naturaleza, ellas están más cerca de ella que nosotrxs lxs adultxs, a parte que tienen la capacidad de conectarse más rápidamente, a través de los sentidos.

Lo observo, cómo se desplaza, se sienta, mira, se estira, vuelve a desplazarse… Entrega todo su cuerpo al movimiento. Todo un homenaje a Emmi Pikler. No le importa dónde pone la mano o el pie, ni qué obstáculos se le pongan en el camino. Me fascina su ímpetu y su perseverancia y la lección que puedo extraer de esta escena tan sencilla. A menudo nos preguntamos qué hacer o no hacer para que no pierdan nunca ese deseo de saber en el que se involucran en cuerpo y alma. Solemos observarlos de lejos y mirándolos se nos ocurren cosas: y si ponemos ese tronco allí? O creamos un espacio recogido en ese rincón con un par de tiestos? Sugerimos y tanteamos, creamos ambientes exteriores estando en su lugar, como si nos increparamos a nosotrxs mismos en nuestra propia infancia. Y resulta muy interesante ver qué pasa, siendo que lo que pasa finalmente nunca es predecible. A Elsa le montamos un día unas maderas, otro día le dejé unas piñas que encontré circunstancialmente, otro trasladamos allí un par de troncos que invitaban a sentarse. Y así, en los ratos de estar allí junto a sus propias fantasías a fecha de hoy Elsa tiene su camping particular en la puerta de casa. Y le va dando vida cada día. El domingo, como preludio primaveral, ella eligió poner una flor en su camping, la trasplantó a una maceta de barro, y ahí la tiene cual si fuese parte de la clásica mesa de estación Montessori.

En un mundo al revés

Estamos desencantadxs… En un mundo donde las relaciones se invierten, donde en nombre de nuestra supuesta seguridad cada día se nos controla más, ya sea a través de cámaras o a través del mismo dinero. Cuando ya nos hemos dado cuenta de que haber estudiado, haber comprado o haberte vendido no es garantía de nada. Cuando hemos rozado con los dedos lo que llaman éxito y nos sentimos abrumadxs porque todavía nos queda toda la vida por delante siendo que a ratos se nos aparece como aburrida, monótona y sin luz. Cuando a pesar de todo tienes muchas ganas de seguir haciendo cosas porque sabemos profundamente que hay que perseguir las pasiones, encontrarlas y cultivarlas, hay que dar en el clavo aunque no hayamos tenido demasiada puntería en los últimos años.

26dic07-2ene08 PALESTINE 066

Estamos desencantadxs pero decididxs a encantarnos nuevamente. La primavera siempre llega con ese halo de esperanza y esta vez no lo podemos dejar pasar por alto. Hacemos recuento: la finca, la casa, las criaturas y nosotrxs dos. Nuestros saberes difusos, lo que en 20 años de vida adulta hemos visto, tocado y sentido sin lanzarnos a la piscina. Ahora llega el momento de vivirlo y nos apetece poderlo documentar en este blog y compartirlo con quienes también estáis al otro lado de la red y que nos enseñáis siempre tantas cosas.